Hablar de una mirada trascendente “en el cine” pide al menos dos cosas: primero, tomar el cine no solo como espectáculo de entretenimiento, sino como una institución cultural en la que circulan imágenes acerca del sentido de nuestra identidad y de nuestra vida en el mundo. Segundo, considerar algunas condiciones de posibilidad para que se dé una mirada trascendente por parte del espectador que “mira (y no solo ve) el cine”.
La pretensión de hablar de una mirada trascendente sobre el cine nace de la confluencia de varias circunstancias concretas. Espero que hacerles partícipes desde el inicio del horizonte de expectativas que he encontrado al pensar y escribir esta Relazione, ayude a acogerla con benevolencia.
En primer lugar, considero que el mismo título de este Convengo es una provocación. No es fácil encontrar hoy en día, en el panorama profesional y académico del cine, este sencillo y tranquilo descaro con el que se nos pide hablar a propósito del decálogo del Sinaí, comenzando por considerar el mandamiento de amar a Dios por encima de todas las cosas. Entre otras, supongo, por encima del mismo cine.
En segundo lugar, planea sobre esta Relazione la reciente edición italiana del libro de Paul Schrader, que no en vano se titula “Il trascendente nel cinema: Ozu, Bresson, Dreyer”. De algún modo, lo que diré a continuación, tiene un cierto sentido discordante y dialogante con lo planteado por Schrader. Porque no es mi intención hablar de “autores cinematográficos”, ni de la representación figurativa “en el cine” de asuntos trascedentales, como hace Schrader.
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